Sunday, May 21, 2017

La Dama Perdida~ Cap 2

2
Albert Britch, era consciente de que las fotos que tenía desparramadas sobre su escritorio, representaban un cambio muy importante en su vida y en la de su familia. Las observaba una y otra vez -alternándose por la fecha en que fueron tomadas- y su mente y corazón, se negaban a creer que fuera verídico.
No lo creyó posible cuando su abogado se lo había informado por teléfono y ahora -con la evidencia frente a el-, le resultaba igualmente inverosímil. Apartó su atención de las imágenes y se dedicó a escrutar el rostro de su representante, buscando una explicación a lo que estaba observando.
-¿Estás completamente seguro?
-Es lo mejor que hemos conseguido en años.
Ante la vehemente afirmación, Albert se levantó de su sillón de cuero y buscó con los ojos la botella de wiski más cercana, para enseguida llenar dos vasos con una generosa cantidad. Colocó cuatro cubos de hielo en cada copa y absorto en sus pensamientos, se dedicó a envolverlas en servilletas de algodón verde.
Distraído, le tendió una a Henry –su abogado- y luego se dejó caer sobre el sofá de su oficina, mientras saboreaba el anhelado licor. Lo embargó una docilidad desmedida, en el momento en que el denso líquido tocó su lengua y el calor del mismo atravesó su garganta. En ese momento nada le pareció tan consolador y alentador, como esa copa en su mano derecha.
-¿Dónde fueron tomadas?
-En Francia. Hace dos semanas -respondió sin más.
A Henry le pareció inquietante que su jefe reaccionara de forma tan impresionable por la reciente noticia y como no obtuvo una respuesta de su parte, se atrevió a hacérselo saber.
-No pareces muy feliz –advirtió.
Albert tardó unos segundos en responder y cuando lo hizo, se negó a despegar sus ojos del cristal.
-Sinceramente, no sé qué decir al respecto –confesó-. He esperado esto durante años y ahora, me parece mentira haberla encontrado.
-No estamos cien por ciento seguros, de que sea ella –se apresuró a decir-. Pero según las pistas que tenemos, es lo más probable.
El mayor asintió con la cabeza, desubicado.
-Mi esposa quedará destrozada, si se trata de otra farsa –levantó la vista-. Pero es inevitable que se entere. ¿No es así?
-En efecto –coincidió con él.
Albert se levantó de su lugar, con expresión disconforme.
-¡Háblame de ella! –Ordenó más que pidió- ¿Qué es lo que te tiene tan convencido?
-En primer lugar, está el reporte de su archivo –comentó, mientras revisaba sus notas-. Fue encontrada hace seis años vagando cerca del rio Sena y cuando le preguntaron su nombre, admitió que no lo recordaba. Un suceso traumático debió causar que perdiera la memoria y actualmente, no ha habido avances en su recuperación. Lo único que se sabe con seguridad, es que es inglesa. En todo el sentido de la palabra.
El moreno no quedó satisfecho.
-¿Algo más? –Presionó- ¡Debes darme algo más concreto!
-Las fechas coinciden –anunció-. Fue encontrada un día después, de la muerte de tu cuñada. ¿Necesitas algo más concreto? –Retó. 
Aturdido por la información recibida, Albert se tambaleó torpemente hasta su sillón y allí se dejó caer. Su mano tembló levemente antes de conseguir agarrar una de las fotografías sobre el escritorio y esta vez –al mirarla- su expresión fue muy diferente a la anterior. Acarició la delgada lámina con mimo y reconoció que la joven que tenía frente a él, tenía todas las características que había estado buscando. El porte, su sonrisa e incluso la palidez de su piel, le resultaban inquietantemente familiares.
-No tienes ni idea, de cuanto he rezado por esto –habló como si solo esa fotografía, fuera testigo de sus palabras.
-Aun no estamos seguros de nada, Al. Sera necesaria una prueba de ADN, antes de tomar ninguna decisión.
-¡No seas aguafiestas, hombre! –Regañó- ¡Déjame disfrutar de la sensación de triunfo, por una vez!
-Mi trabajo no es hacerte feliz, sino ponerte los pies sobre la tierra –dijo con expresión seria-. Mejor piensa en cómo le darás la noticia a Anabel.
¡Anabel! ¡Por supuesto que no se había olvidado de Annie!
Era la tía biológica de Evelin y por encima de todo, era su esposa. La única de la familia mediante la cual sería posible verificar la identidad de esa pequeña y sin embargo, era también la más renuente al tema.
Tras años de mentiras y sabotajes, ya habían perdido la cuenta de cuantos caza fortunas aseguraron haber encontrado a Evelin.
Afortunadamente, la tecnología de su tiempo desmentía esas afirmaciones; pero las niñas que llegaban allí, se marchaban heridas y avergonzadas. Todas y cada una de ellas habían deseado encontrar una familia, pero al final todo resultaba ser una gran farsa.
Lo peor de todo, fue la reacción de su esposa ante tantas artimañas.
Entre lágrimas y arranques de ira, se negaba a recibir a una inocente más, porque ella no deseaba ver más miseria por parte de nadie y mucho menos, deseaba seguir haciéndose falsas ilusiones. La última jovencita había sido tan dulce y atenta, que escuchar de parte de un profesional que la prueba resultó ser negativa, les había dejado destrozados.
¿Cómo recibiría ahora la noticia, de que había una nueva candidata al nombre?
-¡No me hagas esto, Henry! -Suplicó- ¿No habrá alguna forma de hacerlo, sin que se dé cuenta? ¡Tal vez con un mechón de pelo!
-Puede ser –admitió el rubio de ojos verdes-. ¿Pero realmente quieres mentirle a Annie?
-¡No quiero hacerlo! Pero si nos equivocamos otra vez, sería como acabar de rematarla.
-Deja que sea ella quien decida, Al. No estamos tratando con una niña.
Henry además de ser el abogado de los Britch, también era íntimo amigo de la familia. Razón por la cual, se tomaba la libertad de opinar sobre el tema.
-No soportaría verla sufrir, una vez más. Se culpa de todo lo referente al tema y se autoproclama, única responsable de Evelin –confesó-. No fue culpa suya y aun así, le remuerde la conciencia no ser capaz de cuidar de ella.
-¡Dale la oportunidad de demostrarse a sí misma, que puede superar esto! Además, para obtener una autorización del orfanato, debe ir ella personalmente. Me he estado documentando y al parecer en Francia, el procedimiento es diferente. Se supone que el examen de sangre se llevara a cabo en el propio orfanato y la niña, estará presente a la hora del veredicto.
-El universo no desea que yo sea feliz –dijo dramáticamente.
Henry ignoro el comentario y decidió que era hora de irse.
-Lamento decirlo, pero debo retirarme -Se levantó de su lugar y le extendió la mano a Albert.
-¿Tan pronto? –Dijo, mientras se la estrechaba.
-Vendré mañana a primera hora para escuchar tu decisión; así que tienes poco tiempo para decírselo -se burló.
-No me presiones, por favor -pidió con pesar.
El hombre sonrió.
-Te deseo suerte.
Le palmeó el hombro con simpatía y se dispuso a retirarse. Pero justo cuando estaba por alcanzar la puerta, fue bruscamente detenido.
-¡Un momento!
Se dio la vuelta para ver de qué se trataba y vio a su compañero de toda la vida, mirarlo con curiosidad.
-¿Necesitas algo más?
-¡Olvidaste decirme su nombre! –Señaló intranquilo.
Henry se sobresaltó.
-¡Oh, vaya! Lo siento -se disculpó, alarmado por olvidar ese pequeño detalle-. Su nombre es…
Rebuscó entre los folios de su maletín y rezó en voz alta, el nombre de la supuesta heredera.

-…  Natalie.                                                          

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